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EL COMPLEJO DE HABLAR UN MAL CASTELLANO

El pasado 6 de marzo, con motivo de la celebración del Día de Andalucía, en el “Centro de Participación Activa para Personas Mayores Málaga Perchel” tuvieron lugar diversos actos, entre ellos una charla de nuestro socio Rafael Ruiz Moreno sobre el complejo que tenemos los andaluces de hablar un mal castellano.

Después de hacer un pequeño recorrido hablando sobre los diferentes pueblos indígenas de la península ibérica antes de la llegada de los romanos (tartesios, íberos, celtas etc.), el ponente se centró en la romanización del territorio peninsular, su integración en el sistema organizativo de carácter político-administrativo de Roma, su latinización, y en el nacimiento de las distintas lenguas románicas o romances (astur-leonés, catalán, gallego, castellano, etc.) como consecuencia de la evolución del latín vulgar, impuesto por los romanos, al contacto con las primitivas lenguas de la península. Los únicos que no sufrieron ese contagio fueron los vascones, cuya lengua ha evolucionado a lo largo del tiempo hasta el actual euskera.

A continuación pasó a hablar de algunas características de las distintas lenguas romances, haciendo hincapié en el castellano. De él dijo que fue el que evolucionó con más rapidez, que fue el más innovador respecto al lenguaje, el más valiente y decidido en su proceso evolutivo, lo que le llevó, unido a las circunstancias sociopolíticas del momento, a ser nombrado lengua oficial por el rey Alfonso X.

A modo de conclusión, el ponente señaló el carácter vivo de las lenguas, su evolución con el paso del tiempo y pasó a hacer una sentida defensa del habla andaluza. La lengua la crea el pueblo, dijo, los hablantes. Igual que el castellano se impuso en su momento por su vitalidad, por su rapidez evolutiva, hoy día el andaluz cumple una función similar. La riqueza léxica y creativa del andaluz, su plasticidad, sus piruetas expresivas, son únicas. Es sólo en Andalucía donde se dan juntos todos esos rasgos fonéticos y fonológicos que están repartidos en otras hablas no andaluzas. Y todo esto sin hablar de la riqueza léxica y expresiva del habla andaluza.

Por todo ello, terminó diciendo, debemos acabar de una vez por todas con el complejo de inferioridad que todavía les queda a muchos andaluces cuando cruzan Despeñaperros y se percatan de que nada más abrir la boca todo el mundo los identifica con el lugar de donde proceden. Para ello recordó las contundentes palabras de Gonzalo Torrente Ballester, precisamente un profesor y escritor gallego, premio Cervantes, entre otros, durante una conferencia: “Los andaluces son los que mejor hablan el castellano, con independencia de su pronunciación”.

Por su parte el filólogo Manuel Alvar escribió en su artículo “La lengua como libertad”: “Los tópicos no sirven sino para enturbiar las aguas”. Uno de esos tópicos es el de que los andaluces hablamos un mal castellano.