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VISITAMOS EL CADIZ DE LA PEPA

Después de unas tres horas de viaje, el pasado 10 de marzo, iniciamos la visita al “Cádiz de la Pepa” guiados por un buen conocedor de la historia de la ciudad y que nos fue enseñando uno a uno los monumentos de ese recorrido.En el viaje de ida Valeriano nos hizo una excelente introducción de lo que luego veríamos y aunque el recorrido histórico-cultural de la ciudad fue preparado por algunos miembros de “la Mirada Viajera”, de poco sirvió su esfuerzo pues nuestro guía voluntario de la tercera edad se encargó de hablar por todos nosotros. El recorrido se inició en el monumento a la Constitución de 1812 erigido para celebrar su primer centenario y que se encontraba con unos andamiajes que, en parte, lo tapaban. Ello a falta de una semana para que se cumpla el segundo centenario de nuestra primera Carta Magna.Continuamos observando la sede de la Diputación Provincial (antigua aduana de Cádiz), lugar desde el cual Fernando VII (el Deseado) se comunicaba con su “camarilla” mientras estuvo detenido en ese edificio durante parte del Trienio Liberal (1820-23, único instante en que la
Constitución estuvo en vigor). Pasamos en un abrir y cerrar de ojos por las casas de las cinco torres y de las cuatro torres (lugar elevado desde los cuales se comunicaban los comerciantes con sus barcos, al igual que sucedía con las torres de las casa señoriales de nuestra Alameda) ubicadas en la plaza de Argüelles, plaza dedicada al ilustre orador y político liberal asturiano que tanto hizo por dar contenido progresista a esa Ley (sin olvidar los Decretos que la acompañaban). Desde laAlameda Apodaca pudimos contemplar parte de las murallas de la ciudad, construidas en el siglo XVIII (defensas que de haber existido en el XVI sir Francis Drake no hubiera arrasado la ciudad, o como él dijo al retirarse de Cádiz: “He chamuscado las bravas del rey de España”). A continuación pasamos por delante de la iglesia del
Carmen, que como es habitual con nuestras iglesias se encontraba cerrada) lugar donde se celebró un solemne “Te Deum” en acción de gracias por la finalización del texto legal. Seguimos por la plaza del Mentidero (antes de “la Cruz de la Verdad”),
conocida con ese nombre por la cantidad de mentiras que en ella se contaban en el trascurso de la Guerra de la Independencia; pasamos por la calle Veedor, en cuyo número 13 vivió el Duque de Ciudad Rodrigo (mucho más conocido como Duque de Wellington – vencedor de los franceses en las principales batallas desarrolladas en la Península Ibérica-).

En el Museo Arqueológico nos dividimos en dos grupos, y como estuve en el que visitó la planta dedicada a la Arqueología (insuperable en lo referente a los restos fenicios), sólo puedo hablar del extraordinario guía (voluntario jubilado) que nos enseñó diversas salas del mismo. El otro grupo estuvo viendo las salas dedicadas a laPintura.

En la plaza de San Antonio (antigua Plaza de Armas) pudimos entrar en el arabescopatio del Casino gaditano y al salir contemplamos la fachada de lo que fue la Banca Aramburu Hermanos y el café Apolo (o “Cortes Chicas” pues, lo que allí se discutía influía en la verdaderas Cortes). Buen número de las “tertulias” eran inspiradas por cultas damas que eran fiel reflejo del ambiente cultural de la ciudad.El Oratorio de San Felipe Neri no pudo visitarse al estar cerrado por obras, que seguro que terminarán antes de San José por tratarse del lugar decelebración de los debates y deliberaciones (1.478 sesiones) de los procuradores relacionados con la Constitución. Antes de coger el autobús para ir a comer, pasamos por delante de la “Torre Tavira” (torre vigía oficial del “muelle” de Cádiz) y de la catedral, con fachada principal de formas cóncavas y convexas típicas de la arquitectura barroca, aunque también es de destacar en ella, el estilo neoclásico, pues no en vano tardó en construirse más de un siglo.

Para ayudarnos a hacer la digestión, después de comer el conductor del autobús nos dejó junto a la playa de “La Caleta” y allí nos separamos en dos grupos, unos para ver el teatro Falla y otros el castillo de Santa Catalina. Y sobre las seis de tarde emprendimos el camino de vuelta a Málaga.

Francisco Rodríguez Conejero

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